Ayer, después de trabajar, cené en casa de una muy buena amiga, una reunión informal de esas en las que hay alcohol unos porros y… algún tipo de estupefaciente, todo para que no decaigan los ánimos después de cenar y poder continuar la velada en un bar, pab o discoteca. Yo trabajaba al día siguiente, por lo que no me apunté al tren de la fiesta sabadabada (sábado noche), y junto con mi pareja tomamos un taxi que nos dejara en la puerta de casa, como reinas de diez minutos o menos que fue lo que duró el trayecto. Veanlo como un derroche o mirenlo como un exceso de comodidades pero me niego, después de todo el día trabajando de pie y haciendo capuchinos para las seudo italianas mañaneras, a tomar el nitbus que te hace un “tur” por toda la ciudad (no hace falta que suban al bus turístico que es muy caro y viaja a plena luz del solo con el calor que hace en verano, siempre está la opción de nitbus, que con las vueltas que da casi es lo mismo) para dejarte a seis manzanas de tu casa que tienes que recorrer a pie y ya muerto de sueño y mareado de tanta manzana del ensanche barcelones.
domingo, 8 de julio de 2007
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