
El curso había terminado, la cuenta de ahorros estaba seca, transporte, material de dibujo, comidas fuera de casa, comidas dentro de casa (hay que comer todos los días ¿digo yo?) teléfono, internet (maldita dependencia comunicativa), gas, agua, luz no, porque la tengo pinchada (esto es confidencial que no se entere nadie) y por supuesto el piso ¡como están caros los pisos! para pagar el mío comparto con dos personas más y se supone que es barato, somos adultos desde hace ya más de una década… un poco más, vivimos juntos por necesidad, supongo que es el precio de vivir céntrico, vivir descentrado, en Barcelona, tampoco sale a cuenta por lo que tengo entendido. Total que vivir sale muy caro, muy caro…
Como están los sueldos es uno de los temas de conversación preferido de mis amigos, no llegamos a final de mes, no tenemos vacaciones, trabajamos en dos o tres lugares diferentes para costearnos el simple hecho de vivir, vivir en una ciudad. Los urbanitas, grupo en el cual me incluyo, sacrificamos muchas cosas para mantenernos en un área metropolitana, o por lo menos muchas cosas importantes, tiempo, calidad de vida, salud… y un porrón de cosas que parecen insignificantes pero, que a la larga, hacen daño. Una de esas cosas que empiezan a hacerme daño es el sacrificio de la dignidad.

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