Llegué temprano, a la una menos cinco, espere un poco delante del escaparate de una tienda, de accesorios de oficina, cercana, cuando era la una en punto tiré de la puerta de cristal del local en la que con un rotulador permanente se había escrito “tire”, no había nadie, camine hasta el fondo del restaurante y llegué a la cocina, un hombre de rasgos orientales me dijo, a modo de pregunta mas que de saludo, ¿hola?, era el cocinero socio de Javier, yo conteste: hola ¿está Javier? Cocinero y dos pinches contestaron al unísono: ¿qué? Volví a repetir: hola ¿está Javier? a lo que respondieron ¿qué?, carraspeé la garganta y repetí con más fuerza: ¡hola! ¿está Javier? (cuando estoy un poco nervioso tiendo a bajar tanto el tono como el volumen de voz), llegará en media hora… pues en media hora regreso (esto último con un tono más alto).
sábado, 14 de julio de 2007
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